Apostillas de la Vida Cotidiana, Editorial

Que el pikachu no nos tape el bosque

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by @jotaposta

Ayer caminaba por Plaza San Martin tras un pokemon que merodeaba por ahí y tire una “pokemirada” (nota: llámese así al intercambio picaresco de mirada con otra persona donde tácitamente queda implícito que uno sabe lo que el otro está haciendo en ese instante y viceversa) con una pareja que venía de frente. Entonces me di cuenta que el fenómeno esta mas allá del “boom” del momento (hablamos del “Pokemon Go” por supuesto). Estamos en vísperas de una transformación en la manera de comunicarnos. Esto no es nuevo, es verdad, pero es interesante comprender que es inevitable, lo que no implica que sea perjudicial. Quizás todo lo contrario.

Volviendo al ejemplo antes citado, el intercambio de mirada y una sonrisa cómplice, fue un vestigio del fenómeno.  Jamás quizás hubiera interactuado con ese desconocido de no ser por el juego. A partir de esa interaccion de una fracción de segundos, podría haberme detenido, consultar algo, incentivar una charla y dejar entonces que el destino definiera hasta donde llegaría esa interlocución.

Antes uno se sentaba en la vereda y las cosas se sucedían. Pues ahora nos cruzamos, celulares mediante, buscando un personaje virtual. Las costumbres evolucionaron pero las posibilidades de interacción aun persisten. En los años 80 los jóvenes estaban metidos en salones con el mismo objetivo: jugar videojuegos. ¿Qué diferencia hay entre aquellos “fichines” y los “pokemon” de hoy? Pocas si se analiza en profundidad. Jóvenes concentrados en juegos electrónicos, lenguaje particular, virtualidad y realidad mezclados.

Incluso esta versión moderna de juegos tiene algunos factores positivos. Aun comparados con las versiones lúdicas de los últimos 5 años si se quiere. Lo novedoso ahora es que esta forma de divertirse: Implica movilidad.  En una era donde el sedentarismo es uno de los problemas silenciosos que aquejan a muchos (jóvenes sobre todo), esta versión de tener que “ir tras la presa” es un paso interesante para derrocarlo. El juego obliga al movimiento. Nada sucede desde el sofá de casa. El quedarse inmóvil es inútil. El pikachu está allá, afuera, en la plaza, en la vuelta de la esquina, en un monumento. Hay que buscarlo, implica un  ejercicio.maxresdefault

Claro está que, como todo lo moderno, tiene su resistencia y algunos puntos grises. Caminar sólo mirando el celular es complejo. Accidentes en su principal medida (producto de la distracción) y exposición fácil de interceptar por quien prefiere delinquir son los principales argumentos para quienes están en la vereda opuesta. Nada de otro mundo. Ápices solucionables.

Volviendo al sentido social que esta aplicación deja ver entre líneas, es menester, claro, aportar nuestra dosis de “humanidad” para que el juego deje de ser “solo un juego” y se convierta en un instrumento para la interrelación personal. El “pokemon” nos une, nos junta entre las masas, pero una vez allí el celular queda mudo, estático, inanimado. Sera nuestro momento de acción. Es allí cuando debemos esbozar el “hola” que inicie la charla. Nada alejado a aquellas “sentadas en la vereda” que tanto se añoran. De nada servía una reposera sin nosotros no saludábamos al vecino, que estaba allí, en la misma posición que nosotros. O en el club ¿que podía suceder sin un saludo anterior?. El edificio, al fin de cuentas, era nada más que un mero ente que nos reunía (nos reúne). El resto está en nuestra capacidad como humanos (más que como “seres”).

En resumen, esta versión 2016 de salir a “jugar” nos acerca a casi lo más novedoso de la tecnología: la realidad aumentada. Pero sin embargo, lleva consigo lo más antiguo de la especie humana: la relación con el otro. Camuflada en el anonimato de un personaje irreal, oculta en el presunto individualismo de un celular, escondida en los parajes del mundo virtual, lo cierto es que esta allí. La interacción está viva, es tangente, pide a gritos que la reconozcamos vestida con otros atuendos en este mundo globalizado. Es cuestión de afinar nuestros mas arcaicos sentidos, como lo hicieron los Homo Sapiens hace millones de años. Ellos también se vieron en una situación parecida, dejaron las ramas y se separaron de sus hermanos los simios para reencontrarse y dar forma a otra forma de sociabilización. Es el momento de nosotros. Que el pikachu no nos tape el bosque que tiene detrás.

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