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El Hundimiento del Belgrano Desde la Otra Vereda

dia4

 

 

by @jotaposta

El primer día de mayo de 1982, el crucero se encontraba rumbo a posiciones de guerra, pero en la mañana del 2 las órdenes fueron cambiantes, llamando a tomar posición de espera, al sur de las islas, fuera del área de exclusión declarada por Gran Bretaña. No obstante ello, el gobierno inglés da órdenes al submarino atómico Conqueror de torpedear y hundir el crucero General Belgrano. En su hundimiento, fallecieron 323 personas, casi la mitad del total de muertos argentinos en la guerra.

El Informe Rattenbach, en su último párrafo, indica: “Al Reino Unido, vencedor de la contienda, le queda hoy el análisis desapasionado de su conducta durante el conflicto (…) De este análisis surgirá, a no dudarlo, el hecho intrínsecamente cruel por innecesario, cual fue el hundimiento del Crucero ARA General Belgrano. Su responsabilidad por este acontecimiento, además de otros de menor cuantía, es insoslayable”.

En esta oportunidad, recordamos la fecha del hundimiento del Crucero con una mirada diferente. Recordaremos como reaccinó y dinfundió la noticia, la prensa de Inglaterra.

Extracto de la crónica de Eduardo Crawley, replicada en Diario La Nación.  

Londres.- El lunes –feriado en Inglaterra- comenzó con la noticia del torpedo del crucero General Belgrano. Una vez más se comprobó el desencuentro informativo. Las primeras versiones periodísticas afirmaban rotundamente que el ataque se había producido fuera de “la zona de exclusión total” declarada por la flota británica. Luego un corresponsal de los tantos que viajan en el portaaviones Hermes produjo una versión contradictoria, pero muy detallada, que ubicaba al General Belgrano justo adentro de esa zona. Hacia el mediodía, el vocero oficial del Ministerio de Defensa declaraba: “Lo único que puedo decir es que el crucero estaba navegando al sur de las Malvinas”.

¿De dónde vino la orden?

A media tarde, el corresponsal sobre el Hermes había acortado dramáticamente su versión, señalando que el General Belgrano “hacía tiempo que había sido avistado navegando justo afuera de la zona de exclusión total”. En Londres comenzó a circular la versión de que la orden de torpedear al crucero no había provenido del comandante de la flota británica, almirante Woodward, sino directamente desde la capital británica. Oficialmente, la acción se explicó señalando que el General Belgrano “representaba una amenaza significativa para la flota”. Ya al anochecer, virtualmente todas las versiones periodísticas afirmaban categóricamente que el ataque se había producido fuera de la “zona de exclusión total”.

Divergencias

En este caso particular, la divergencia entre las distintas versiones revistió una importancia que trasciende el marco de la guerra psicológica. La ubicación precisa del crucero en el momento de ser atacado afecta toda la argumentación jurídica con que Gran Bretaña, en el ámbito internacional, intenta presentar su acción como “autodefensa”. Según las “reglas de juego”, de esta construcción justificativa, Gran Bretaña podría legitimar cualquier acción de fuerza llevada a cabo dentro de la “zona de exclusión total” que ha establecido en torno a lo que ella misma considera parte de su territorio.

Pero esas mismas “reglas de juego” implican que cualquier acción bélica realizada fuera de dicha zona presentaría un pasaje de la “autodefensa” a la guerra lisa y llana. Es de notar que en el ámbito jurídico británico se cuestionó duramente la decisión de establecer una “burbuja” protectora en torno de las unidades de la flota, dentro de la cual se atacaría a cualquier nave o aeronave intrusa. Se señaló con acierto que esta medida, en tiempo de paz, violaba elementales normas internacionales sobre el libre movimiento en alta mar.

Problemas para Pym

El torpedeo del General Belgrano, en este sentido, colocó en una situación embarazosa al canciller Francis Pym, quien en Nueva York acababa de reiterar su tesis de la autodefensa, rematando sus declaraciones con el siguiente pronunciamiento: “Nosotros no queremos llevar a cabo ningún ataque más contra ellos (los argentinos), ni nada por el estilo; sólo queremos que se retiren”.

La nueva tesis de que el crucero General Belgrano “representaba una amenaza significativa para la flota” (recogida rápidamente por Pym, y por el corresponsal que transmitía desde el Hermes) fue lanzada precisamente para abrir una nueva avenida de justificación “compatible” con la noción de “autodefensa”.

 

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Fuente: Eduardo Crawley (Especial para La Nación), Diario La Nación, martes 4 de mayo de 1982, pág. 4.
Imagenes de Archivo.
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