Editorial

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LA NACIÓN

By @jotaposta

nicolas_massot

Estimado Sr Presidente.
Sé que falta todavía un tiempo para que termine su mandato pero lo sucedido en el recinto de Diputados de la Nación motivó a que escriba esta carta.
Yo no termino de definirme por un partido político, entiendo que todos están formados por personas y estas tienen aciertos y errores. Me identifico, quizás, con proyectos más que con nombres. Esto hace que mi sentir político este más afín a cualquier otro partido que a Cambiemos. Debe saber que no lo vote, ni a usted ni a su coalición en ninguna de las elecciones en las que participó. Quiero comentarlo antes de arrancar para que entienda que esta sensación de defraude que me generan sus 4 años de gobierno no son consecuencia de un “arrepentido” o de alguien que habla sólo si el viento es a favor.

Tampoco tienen estas líneas la intención de “hacer leña del árbol caído”: mitad porque todavía tiene resto en el Poder ( y lo de “caido” no aplica ni aplicará) para cambiar el rumbo y mitad porque mis pensamientos están plasmados en otros textos de mi autoría, aun cuando no había llegado a la presidencia.

Me siento mal y triste porque entiendo que está defraudando a muchos seres queridos de mi entorno que si lo votaron y con la certeza de que no los defraudaría. Y no voy al hecho simple de meter presa “a la yegua”. No se trata de eso, eso sería lo más insignificante porque sería ver el árbol y desconocer el bosque. Quedarse con ese título nada mas en cuatro años de mandato es no entender nada (para mi, claro).

Cuando hablo de defraudar me refiero a que falló en lo más simple: demostrar que son otra cosa. Que si bien son hombres y ello implica, inexorablemente, la posibilidad de fallar, a lo largo de estos años en el poder demostró que no son “esa otra cosa” que tanto anhelaban ver los seres que lo votaron con el mayor de los convencimientos.

No se trata ya de acertar en los pronósticos. De cambiar un día para el otro los problemas. Insisto, ni siquiera me detengo en el mal análisis que hicieron del país y por ende solo les resta hablar de “la pesada herencia”, como única teoría de porque seguimos como seguimos.

Se trata de que a lo largo de estos 1000 y picos de días que lleva sentado en el Sillón de Rivadavia, ha dejado que su espacio camine, irremediablemente, por los senderos de todos su antecesores, de todos esos viejos políticos que usted prometió no imitar. Han demostrado estar más cerca de artilugios propios de “caciques de conurbano” como explicaba en campaña y extremadamente lejos de esa “nueva política” con la que hizo que cada ciudadano le depositara un voto en la urna.

Usted me defraudo en lo más profundo porque defraudo a los que quiero. El dolor viene por rebote, yo intuía (saberlo de antemano es imposible) que el sendero que, tarde o temprano, recorrería es el actual, ellos no. Ellos si confiaban.

La foto que circula en las redes de Massot sonriendo tras una cortina es la foto más triste que jamás me hubiera gustado ver. Porque usted vino con la premisa de “no jugar con las mismas cartas”. Usted prometió y juró que serian “otra política”, que los tipos que conduciría serían los mejores de los “últimos 50 años” y que en nada se parecían a los “otros”.

Déjeme decirle, señor Presidente, que esos “otros” (por conveniencia, por rescatar un voto, por amor al pueblo, por la democracia, por demagogia, por lo que usted quiera), esos otros estaban sentados en el recinto y los que debieron demostrar que tenemos una nueva política, estaban detrás de una cortina, riéndose, evitando el quórum.

Es imposible no escribirle cuando veo en la cara de Massot la sonrisa picara y detrás de él a mis amigos y familiares pagando las boletas de gas o luz. Usted dijo que eso se terminaría en este país. Y me hubiera encantado a casi un año de que terminara su mandato escribir estas líneas para sincerarme y pedirle perdón por no haber confiado en usted. Me hubiera encantado ver en la cara de esos amigos y familiares, a casi unos meses de volver a votar, la cara de “ves que te equivocaste” y no la que veo siempre, desde hace meses (y no solo con su gobierno, digo meses largos, años atrás) donde está el miedo a salir a la calle, la sensación de que la justicia no existe, la de que suerte tenemos nosotros mira esos que duermen en el suelo bajo la lluvia. Esa cara, señor presidente, nunca les cambió.

Podrá explicarme una y otra vez el cuento “de la pesada herencia”, de que la inflación no era “tan simple” de bajarla como prometió, que lo de “pobreza cero” fue un delirio de Duran Barba, que el beso en el debate no fue planeado pero jamás voy a entender porque prometió ser otro y termina siendo más de lo mismo. Jamás voy a comprender porque ellos (los que si confiaron) tienen que ver el Congreso vacio, sin debatir, sin explicar absolutamente nade del ajuste, ni el cómo, ni el porqué ni el cuándo. Nada. Jamás podrá usted hacerme entender como el “Mejor equipo” de todos los tiempos comete una y otra vez los mismos errores de quienes lo precedieron.

Yo ya no espero demasiado de su Gobierno, solo espero que lo que resta de mandato pueda remediar la sensación de defraudado que me genera hoy los actos de sus gabinete, insisto, no por mí, sino por los que votaron confiando en su palabra. Espero que en la recta final no le deje picando la pelota a su rival diciéndole “En que te convirtieron Mauricio, pareces un panelista de 6,7,8”.

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Apostillas de la Vida Cotidiana

MJ mi primer héroe en todo este lío…

By @jotaposta

mj
(Foto Web)

Hace poco conté brevemente que unos de mi sueño frustrado fue jugar básquet.  Desde chico me gustó ese deporte y el haber nacido para anclarme en 175 centímetros fue claro que no me ayudó. De haber sido concebido con unos 10 centímetros más hoy sería una gran base, sin dudas.

Lo cierto es que de chico en Indart intentaba saciar esta sed de naranja y aro como se podía. Había potreros por doquier pero escaseaban las zonas pintadas.  Mi viejo, amante del fútbol, procedía a ayudarme a su manera: alambre, hierro, soldador mecánico y allá a lo alto aparecía un aro sujetado a la pared para que pudiera jugar en el poco cemento que tenía en el patio de casa. Porque allá las casas tienen patio, mucho patio, pero lleno de tréboles y arboles. El cemento está destinado para los cordones cunetas en los pueblos, no para las plazas o los patios.

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