Apostillas de la Vida Cotidiana, PodCast

PODCAST Nro 1 “Recuerdos De La Infancia”

By @jotaposta

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Apostillas de la Vida Cotidiana

Una foto. Un muñeco. Una Historia.

by @jotaposta

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Fueron Kevin Eastman y Peter Laird quienes en 1984 lanzaron un pequeño cómic en blanco y negro de titulado “Eastman and Laird’s Teenage Mutant Ninja Turtles.” Con la ayuda de Mirage Studios, daba inicio a lo que en Latinoamérica se conocería como “Las Tortugas Ninjas” o “Tortugas Ninjas Adolecentes Mutantes”, en fin.

Una interesante historia de ficción donde 4 tortugas caen en una alcantarilla y se juntan con Hamato Yoshi (el más grande maestro del ninjutsu) que vivía recluido por cuestiones que ahora no vamos a ahondar. Producto de un derrame de mutageno, las protagonistas se ven afectadas dándole atributos de otras formas de vida con las que tengan contacto, ya que las tortugas habían tenido contacto con humanos adquirieron cualidades biológicas antropomorfas. . Parte del mutageno cae también sobre Yoshi que lo convierte en una rata gigante debido al tiempo que vivió rodeado de ellas, por lo que adopta la identidad de Splinter y decide entrenar a las tortugas, dándole a cada una el nombre de un artista del renacimiento que tanto admiraba. La historia entonces continua con la intención de que  los protagonistas derroten al villano “Destructor” para conseguir un antídoto que las devuelva a sus formas originales.

El comic se convirtió una sensación de la noche a la mañana entre los cómics independientes. Luego con el correr de los años llegarían cuatro series separadas de dibujos animados y varias historias alternativas, incluyendo varias adaptaciones al cine.

Corría el año 1992 y yo dejaba por primera vez mi pueblo para conocer la famosa “Capital Federal”. Historia que, como creo haber contado alguna vez, arrancó de prisa, una mañana de febrero, cuando mis abuelos decidieron solicitar un permiso apresurado a mis padres. En pocas horas partían a visitar a mi tía y querían traerme de viaje.  Me despertaron y yo, en pleno descanso escolar, dije si sin dudarlo. Poco después me enteré que mi madre había llorado apenas el auto dejó la casa.

Era mi primer viaje solo, o sin  mis padres mejor dicho. Nueve años.  Y ahí estaba. Sentado en la parte trasera del Ford Escort blanco, preguntando si ya habíamos llegado cuando apenas cruzamos zona oeste. Hoy supongo que sería por una cuestión de perspectiva. El pueblo no superaba (tampoco hoy) los mil habitantes, así que cualquier ciudad que tenga un poco de casas juntas, y de dos pisos para mí era Capital Federal. Supongo que ese asombro fue mayor cuando por fin cruzamos la General Paz.

Fueron casi quince días donde pasó de todo. Charlas de “adultos” con mi abuelo. Visita por primera vez al cine (“Exterminator 4. Como hermanos gemelos” fue la película que hasta el día de hoy no puedo dejar de mirar). Recuerdo también haber visto filmar una escena de “Brigada Cola” en el famoso edificio conocido como el “Rulero”, por Avenida del Libertador. Ese mismo que está repleto de ventanas, carentes de balcones y que ese mismo 1992, apenas días después de que regresara, sintiera en sus ladrillos la furia de la bomba que destruyó la Embajada de Israel.

Entre las diferentes cosas que hicimos ese día, fue la visita a un supermercado. Actividad común, rutinaria. Pero que tuvo un matiz. Un detalle. Pasamos por la góndola de los juguetes y quede impactado. Jamás en la vida habían percibido mis retinas tantos juguetes juntos. Desconozco cual habrá sido mi reacción en el rostro, pero ha de haber sido intensa, porque aunque no dije nada, mi tía me miró y me dijo “¿Te gusta algún? Podes llevar el que quieras”.

Mi mente comenzó una de las decisiones más difícil. Tenía un solo tiro y más de cien objetivos. Debía ser preciso. Certero. Era una sola chance y no había tiempo de arrepentimiento luego.  A veces cuando a uno le dan libertad el elegir es más complejo. El tiempo tampoco sobraba, era uno ahora y rápido. Calculé que tenía en casa. Autos y vehículos no eran necesarios. Héroes quizás. Algún Spider Man. Una espada tal vez. Pero entonces vi que había varios de los personajes de las Tortugas Ninjas. Yo solo tenía  a las 4. Nadie más. Splinter pensé. Para que las ayude. Quizás April O’Neil. Pero  mi di cuenta que todos regalan héroes. Tenía un Batman. Un Robocop. Un Rambo. Pero no muchos villanos. Y de que vale la historia sin un némesis. ¿Que sería de Superman sin Lex Luthor?. O de ¿Lion-O sin Mumm-Ra?. Los buenos siempre van a necesitar un malo.

Me di cuenta que las historias que me inventaba en la “Pieza Vieja” (así llamamos siempre en mi casa a la habitación donde estaban mis juguetes) se hacían aburridas porque sobraban buenos y escaseaban los malos. Por eso no dude y tome a “Rocoso” (Rocksteady en su idioma original). El Rinoceronte mutante villanos de las Tortugas.

“¿Seguro queres ese?” Me indagaron. “Seguro” confirmé.

En los pocos últimos días que me quedaban, estuve con mi Rocoso mirando la ventana del edifico, como queriendo atravesar las distancias y estar en casa. Al tiempo que comenzaba a imaginar el argumento de nuevas historias. De novedosas tramas.  Enviaba secretos mensajes psíquicos a las Tortugas. Advirtiendo del peligro que se avecinaban.

El pasado fin de semana Matías tuvo su segundo o tercer viaje a solas con los abuelos. Para él es a la inversa. Deja la Capital y llega a Indart. Abandona el cemento y los edificios, para encontrar calles de tierra y campo. Se despide de los colectivos y taxis para encontrarse con vacas y caballos. Sus retinas se desentienden de carteles luminosos de gaseosas o locales de comidas rápidas, para familiares con el firmamento entero.

Cuando regresó me hizo algunas observaciones. Sobre lo viejo que están mis juguetes y que yo si tenía “armas” para jugar, porque lo descubrió en una caja que la abuela le había prestado para jugar. También me dijo que había un muñeco que estaba casi nuevo. “Vos tenes a Rocoso” me dijo. Él, claro esta, también conoce las Tortugas. A diferencia de mi, él mira unas versiones más estilo anime. Pero acaso juntos compartimos las pelis del Cine.  El otro día le mostré gracias a “youtube” las versiones clásicas y se rio largo rato. Volviendo  a la charla recordé que sus ojos brillaron cuando me contaba que enfrentó a Rocoso con el Ninja Blanco.  Entonces lo supe.

Comprendí que ya las expediciones en la “Casa Vieja” habían terminado. Las luchas acuáticas en la pileta de la bomba vieja del patio eran parte del pasado. Los enfrentamientos en el jardín de enfrente, al costado del tapial ya no estaban. Rocoso había cumplido toda una etapa en Indart y era hora de enfrentar nuevos desafíos en la Capital.

La historia, hecha un boomerang, regresaba. Era momento de que Rocoso partiera hacia donde alguna vez nació para dar inicios a nuevas aventuras. Ahora quizás en un monoambiente. Rodeado de cemento y sin tanto cielo abierto. En plazas de pisos de material y ayunas quizás de pasto y barro. En suelos de parquet y no de madera húmeda y vieja como la que estaba acostumbrado. Con ruidos de sirenas de ambulancias de fondo y no con el cacarear de gallinas ponedoras. Pero con la misma intensidad en las manos que lo guían. Con la misma fantasía en los labios que lo harán hablar. Con la misma inocencia de una trama que siempre lo verá perdedor, porque al fin de cuentas es un villano y Leonardo sabrá como derrotarlo. Siempre. Siempre.

Rocoso hoy viajó en un bolso y ahora está en mi mochila. Rocoso pronto estará en los estantes de Matías. Junto a Tortugas más onda Japonesa. Pero con las mismas ganas de hacer feliz a un pibe, como lo hizo allá lejos y hace tiempo, en ese verano de 1992.

Apostillas de la Vida Cotidiana

MISTERIOS

By @jotaposta

Llovía mucho en Capital. En medio de la jornada laboral estaba por tomar el cuarto o quinto subte del día. Y entonces sucedió.

Escuche por vez primera a Dolina allá por 1998 creo. Aun estaba en Indart. Por esa época me uní a un viaje que se hacía a Capital Federal a la Feria del Libro. Allí pude conocerlo. En una conferencia.  Me firmó el un libro y escuchamos la oratoria desde fuera. Había mucha gente.

Entre las veces que escuché el programa recuerdo una, donde pregonó uno de los dos misterios que desde entonces rondan mi cabeza.  Una noche cualquiera comentó que existía un mural en la zona baja de Buenos Aires, que tenía un azulejo al revés.  Es decir, existía entre la red de subterráneos, plegada de murales, uno de ellos que tenía una pieza mal ubicada.  Claro está que el escritor jamás mencionó cual.

Estaba ya hace tiempo viviendo en Capital cuando escuché aquel mensaje. Una especie de mapa del tesoro en palabras. Una premisa. Una afirmación. Una invitación a una búsqueda silenciosa de un objeto preciado. Sin valor económico, sin valor tangible. Sólo por el honor. Por el reto en sí mismo de descubrir ese secreto que la Ciudad guardaba en su subsuelo.

Se formó en mi interior una sensación rara. Un impulso de querer descubrir. Una duda que no quería que fuera eterna. Quizás por ser uno de esos desafíos más geniales, los que no tienen premio, o más bien, el premio es la superación. El juego por el juego. Como cuando éramos chicos y jugábamos a “el que mete el último gana” y la cosa se ponía seria. No existían primas económicas, Copas en juego, incentivos de ninguna forma. Pero sabíamos cada uno de nosotros que aquella premisa no era joda. No se podía tomar a la chacota. El tema era serio. Había que evitar ese gol y ser nosotros los que convirtiéramos. Porque ya no importaba el saber que mañana a la misma hora estaríamos otra vez en la misma instancia, y pasado, y pasado y la otra semana. Ese partido era único. Era acá y ahora. Había un código interno que hacía de ese encuentro, de ese gol letal, una empresa que tomábamos con la mayor de las responsabilidades. Así entonces fue desde ese momento con el azulejo mal puesto.

Seguramente las mentes racionales ya a esta altura del relato habrán tomado dos posturas. La primera, y considerando la época, implica la posibilidad de navegar en internet y así entonces despejar la duda. Claro que lo hice y el resultado fue nulo. Ninguna referencia a cuál puede ser el mosaico que está mal colocado en misterioalguna de las estaciones de la red de subterráneo de Buenos Aires.

La otra, un poco más compleja, pero viable. Visitar cada uno de los murales hasta descubrirlo. Pero una cuenta rápida nos lleva a lo siguiente. No sé si todas, pero si una de cada dos estaciones tiene un Mural. Incluso en ambos andenes, así que digamos que por promedio hay dos por estación. A razón de 86 estaciones hablamos 172 murales más o menos. Pongamos que me tomara cada sábado, religiosamente recorrer cada mural. Dedicarle media tarde a examinarlo. Necesitaría 43 meses. Es decir 3.5 años más o menos la tarea, considerando que el último mural visto sea el correcto. Sin faltar un sólo sábado. Viable, pero no.

Llevo 15 años en Capital y el acertijo rodeaba mi mente desde entonces. Cada vez que tomaba el subte repasaba cada mural. Había veces que podía detenerme más, otras las miradas debían ser fugaces. Todo dependía del tiempo.

Pero ayer llovía. Llovía mucho y estaba empapado por mi terca idea de odiar el paraguas. “Es agua de todas formas” pensaba y sacudía cual perro mi cabeza. Y entonces me miré las zapatillas. El jean casi seco porque había caminado largo rato el andén. “Hace calor aun cuando llueve acá abajo” pensé. Y miré el mural. Lo repasé y leí la información del pintor. Me interioricé por experiencia y hasta supe que era Español, según la escueta biografía allí colocada. Y repasé la pintura. Sequé mi frente aún mojada, y me concentré en una pieza. Una que no coincidía, que podía formar parte pero claramente no estaba puesta correctamente. Y mis ojos se iluminaron y el corazón latió fuerte.

15 años. 180 meses. 65.700 días y la revelación a aquel primer acertijo que carco
mía mi mente se hacia presente. Al fin descubría cual era la famosa pieza de los subterráneos de Buenos Aires que estaba colocada erróneamente.

Y miré el mural otra vez y descubrí que en letra chica, muy muy chica había una llamada. “Descubra que pieza está mal colocada” decía. Y confirmaba así mi hallazgo. Mi tesoro interno, mi premio intangible. Mi recompensa silenciosa.

Claro que no voy a revelarle, querido lector, la solución. Dejare que usted también siga en su búsqueda. Quizás también ese día escuchó a Dolina y persigue el mismo sueño. Tal vez se está enterando ahora y quiera ser parte de la búsqueda de este premio sin valor.

Apenas podre decirle, si quiere, como para ayudar que se trata de una de las mayores obras del pintor español  Zuloaga. Suerte entonces pequeño aventurero en su búsqueda.

No obstante me quedo aun con mi segundo gran acertijo aun sin resolver, aquel que alguna vez llego de la boca de Jimena, mi hermana. Relató que una profesora le había dicho que existía una esquina. Una sola en toda la Capital que no tenia ochava. Aun sigo recorriendo los barrios con el afán de saber cuál es. Pues la respuesta aun está por llegar.

Apostillas de la Vida Cotidiana, Editorial

Que el pikachu no nos tape el bosque

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by @jotaposta

Ayer caminaba por Plaza San Martin tras un pokemon que merodeaba por ahí y tire una “pokemirada” (nota: llámese así al intercambio picaresco de mirada con otra persona donde tácitamente queda implícito que uno sabe lo que el otro está haciendo en ese instante y viceversa) con una pareja que venía de frente. Entonces me di cuenta que el fenómeno esta mas allá del “boom” del momento (hablamos del “Pokemon Go” por supuesto). Estamos en vísperas de una transformación en la manera de comunicarnos. Esto no es nuevo, es verdad, pero es interesante comprender que es inevitable, lo que no implica que sea perjudicial. Quizás todo lo contrario.

Volviendo al ejemplo antes citado, el intercambio de mirada y una sonrisa cómplice, fue un vestigio del fenómeno.  Jamás quizás hubiera interactuado con ese desconocido de no ser por el juego. A partir de esa interaccion de una fracción de segundos, podría haberme detenido, consultar algo, incentivar una charla y dejar entonces que el destino definiera hasta donde llegaría esa interlocución.

Antes uno se sentaba en la vereda y las cosas se sucedían. Pues ahora nos cruzamos, celulares mediante, buscando un personaje virtual. Las costumbres evolucionaron pero las posibilidades de interacción aun persisten. En los años 80 los jóvenes estaban metidos en salones con el mismo objetivo: jugar videojuegos. ¿Qué diferencia hay entre aquellos “fichines” y los “pokemon” de hoy? Pocas si se analiza en profundidad. Jóvenes concentrados en juegos electrónicos, lenguaje particular, virtualidad y realidad mezclados.

Incluso esta versión moderna de juegos tiene algunos factores positivos. Aun comparados con las versiones lúdicas de los últimos 5 años si se quiere. Lo novedoso ahora es que esta forma de divertirse: Implica movilidad.  En una era donde el sedentarismo es uno de los problemas silenciosos que aquejan a muchos (jóvenes sobre todo), esta versión de tener que “ir tras la presa” es un paso interesante para derrocarlo. El juego obliga al movimiento. Nada sucede desde el sofá de casa. El quedarse inmóvil es inútil. El pikachu está allá, afuera, en la plaza, en la vuelta de la esquina, en un monumento. Hay que buscarlo, implica un  ejercicio.maxresdefault

Claro está que, como todo lo moderno, tiene su resistencia y algunos puntos grises. Caminar sólo mirando el celular es complejo. Accidentes en su principal medida (producto de la distracción) y exposición fácil de interceptar por quien prefiere delinquir son los principales argumentos para quienes están en la vereda opuesta. Nada de otro mundo. Ápices solucionables.

Volviendo al sentido social que esta aplicación deja ver entre líneas, es menester, claro, aportar nuestra dosis de “humanidad” para que el juego deje de ser “solo un juego” y se convierta en un instrumento para la interrelación personal. El “pokemon” nos une, nos junta entre las masas, pero una vez allí el celular queda mudo, estático, inanimado. Sera nuestro momento de acción. Es allí cuando debemos esbozar el “hola” que inicie la charla. Nada alejado a aquellas “sentadas en la vereda” que tanto se añoran. De nada servía una reposera sin nosotros no saludábamos al vecino, que estaba allí, en la misma posición que nosotros. O en el club ¿que podía suceder sin un saludo anterior?. El edificio, al fin de cuentas, era nada más que un mero ente que nos reunía (nos reúne). El resto está en nuestra capacidad como humanos (más que como “seres”).

En resumen, esta versión 2016 de salir a “jugar” nos acerca a casi lo más novedoso de la tecnología: la realidad aumentada. Pero sin embargo, lleva consigo lo más antiguo de la especie humana: la relación con el otro. Camuflada en el anonimato de un personaje irreal, oculta en el presunto individualismo de un celular, escondida en los parajes del mundo virtual, lo cierto es que esta allí. La interacción está viva, es tangente, pide a gritos que la reconozcamos vestida con otros atuendos en este mundo globalizado. Es cuestión de afinar nuestros mas arcaicos sentidos, como lo hicieron los Homo Sapiens hace millones de años. Ellos también se vieron en una situación parecida, dejaron las ramas y se separaron de sus hermanos los simios para reencontrarse y dar forma a otra forma de sociabilización. Es el momento de nosotros. Que el pikachu no nos tape el bosque que tiene detrás.

Apostillas de la Vida Cotidiana

Carta Abierta a Messi: Perdon Pibe

By @jotaposta

Es difícil hablarte en un momento así. Es difícil porque entiendo que no queres oír a nadie. Pero sos el ídolo de mi sobrino. Él es chico y te tiene allá, en lo más alto. Y entonces hoy se fue a dormir con el corazoncito latiendo fuerte, pensando en vos. Y mañana aunque él no lo sepa por primera vez van a estar ambos alineados mágicamente por el Destino.

Porque mañana a vos y a él le hablarán de lo mismo. Repetirán la bola marrada, la tercera caída y una sartenada de boludeces más. Porque ambos comparten la mala fortuna de haber nacido en un país exitista. Pero sabes porque pasa esto? Porque somos un país que se hizo con una mezcla de tipos sufridos. Nuestros abuelos o los abuelos de nuestros abuelos vieron desde chiquito la miseria. La mayoría. La guerra les toco la puerta de sus casas y tuvieron que salir cagando. Y se juntaron todos acá. Con la idea de “hacerse la América”. Si acá, donde tiras una semilla y crece una planta. Pero donde también nacieron “vivos”. Giles que se aprovecharon de toda esa masa de laburantes que solo querían olvidar el cagazo de que te caigan bombas desde el cielo y gobernaron por años para la mierda. Y de repente aparecían un par que luchaban por cambiar las cosas, pero de vuelta los “garcas” de siempre ganaban y el pueblo sufría. Y así fue desde que este país se lleno de gente. Nunca pudimos dar “Pie con bola”. Capaz por nuestra incapacidad, capaz porque no supimos aprovechar el tren, que se yo…pero pasó. Pero pasa.

Y entonces desde siempre existió algo que era como una dosis de morfina entre tanta miseria, injusticia y melancolía. La pelota. El fulbo. Y los tipos encontraron en un simple juego el escape perfecto ante tanto nerviosismo. Y el domingo entonces, luego de una semana de laburar para unos pocos, era el día sagrado. Algo así como lo que dice la Biblia. Entonces toda esa mala sangre se dejaba de lado por 90 minutos. Si. Trucamos 7200 minutos de angustia semanales por apenas 90. Y todo pareció tener sentido.

Porque qué carajo importaba el Lunes en la fábrica si tu equipo ganaba el Domingo. Qué carajo importaba la explotación laboral con tal de gozar una semana entera a Ramirez por ese gol contra reloj.

Y así pasaron los años. Y la historia en vez de remontar la situación. En vez de hacernos ver que era mejor que los “garcas” no gobernaran más, para dejar de disfrutar por un partido de futbol en vez de una vida más placentera. En vez de hacer eso, nos hizo aparecer a un pibito que la descocía en ese maldito juego. Y entonces la cosa se puso peor. Porque ya no solo podíamos gozar a Ramirez, sino a otros tipos de otros países donde capaz el PBI era 15 veces más, pero no podían contra ese negrito, de rulos, salido del culo del mundo. Vos te imaginas entonces que la cosa se puso irreversible.

Y no va que este tipo, hace que logremos ganar un torneo donde se enfrentaban todos los mejores. Con un gol con la mano y otro que sigue siendo el más lindo del mundo. Y se los hace a un país que se aprovechó siempre de los “giles” que gobernaban acá. Ves como es la cosa? Lo que los boludos que gobernaron el país no pudieron hacer en casi 200 años de historia, lo vino a hacer este tipo: gozar al poderoso. Meterles el dedo en el culo una vez al menos. Y entonces la historia se transformo para siempre. Porque nunca entendimos que esa “victoria” fue en un juego. No en la vida real. Pero no importo.

Porque el pueblo, como te dije, la pasó fulera. Entonces lo que quería era disfrutar. Que importaba si era en un juego?. Sabes lo que era que los tipos que tenian mas Colonias en el mundo, los que nos cagaban a cuetazos en la islas, lloraban porque no podian “parar a uno de los nuestros”?. El problema fue que entonces el pueblo dejo de pensar en cómo hacer para dejar que los “garcas” gobiernen y hacernos mejor la vida, para no depender del futbol. Todo lo contrario. Empezamos a soñar con que salga otro parecido para que nos permita sentir eso que sentimos en apenas 90 minutos hace rato largo. Un tipo que juegue bien al futbol para compensar la misiadura y las amarguras de 40 millones de tipos. Una locura absolutoa. Lo se. Y si antes era como una especie de morfina, con el correr de los años la idea se hizo una especie de quimioterapia. La única salvación posible.

Y ya no importo pensar en el cómo. O si los que daban el espectáculo lo hacían agradable. Ya no hubo belleza posible. Y justo te toco a vos pibe. Nacer en medio de esta vorágine. A vos que como a nadie la pelota te obedece. Te hace caso. A vos que solo te interesaba pasar un rato con amigos. A vos que te señalaron como el sucesor de un tipo, capaz sin acaso preguntártelo. Y te convertiste en el Mesías de un sueño de terceros. De 40 millones de tipos que llevan la carga de sus antepasados y sueñan con tapar tanta desgracia con un partido de fútbol.

Y entonces vos que venís a regalar un poco de arte entre tanta oscuridad, sos despedazados por aquellos que te quieren sólo para ganar. Sólo para levantar la copa. No importa si tiras un caño o un puntinazo. La ley es ganar. Y ahí está el problema. Y se que vos no tenes la culpa de nada. Que culpa tenes de haber nacido justo en un país donde unos pocos se avivan de muchos?. Que culpa tenes de haber nacido justo en el mismo país donde nació el tipo que mejor juega este deporte?.

Y el nene (mi sobrino) tampoco tiene la culpa. Porque él no te ve como el salvador de un sueño inalcanzable. Él te ve como lo que sos: un pibe que hace maravillas con una número cinco en el pie. Y acaso ambos, mañana sufrirán lo mismo: la guillotina exitista de miles de tipos que solo ven el ganar. Yo se que vos estas ahora pensando en esos tipos. En que tuviste la mala fortuna de que una estadística no estuviera de tu lado. Pero te pido que pienses en el, en Bruno. Y en todos los pibitos que no saben un carajo de triunfalismo y ven en vos al Messi jugador. Ni mejor, ni peor que otros. Simplemente distinto. Único e irrepetible. Y en nombre de esos cientos de pibitos que te admiran por lo que jugas y no por lo que puedas ganar o perder, te pido PERDON. Por las críticas de los exitistas, de los que solo quieren opacar sus sueños incumplidos en vos. Perdónalos, Lio, no saben lo que hacen.

Apostillas de la Vida Cotidiana

Apostillas de la Vida Cotidiana: “El número de oro”

APOSTILLAS

By @jotaposta

¿Alguna vez escuchaste hablar acerca de la sucesión de Fibonacci? ¿Imaginas una ecuación capaz de explicar matemáticamente todo en el universo? ¿Crees que semejante cosa realmente sería posible?

Bueno, de las tantas sucesiones matemáticas que existen, ninguna es tan famosa, tan interesante y tan asombrosa como la denominada “Sucesion de Fibonacci”. A lo largo de los años, hombres de ciencia, artistas de todo tipo y arquitectos, la han utilizado para trabajar, a veces a propósito y otras de forma inconsciente, pero siempre con resultados majestuosos. Te invitamos a conocer la historia detrás de todo este asunto y a que hoy aprendamos qué es la sucesión de Fibonacci.

Para comenzar diremos que se trata de una secuencia de números enteros descubierta por matemáticos hindúes hacia el año 1135 y descripta por primera vez en Europa gracias a Fibonacci (Leonardo de Pisa). La sucesión se describe de la forma siguiente:

F(0) = 0;

F(1) = 1;

F(n) = F(n-1) + F(n-2)

Una de las características particulares que tiene es que la suma consecutiva de esta da por resultado el siguiente número y así hasta el infinito, veamos…

0 1 1 2 3 5 8 13 21 34 55 89 144 233 377 610 987 1597

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Leonardo de Pisa (Fibonacci)

 

Fácil, ¿no? (0+1=1 / 1+1=2 / 1+2=3 / 2+3=5 / 3+5=8 / 5+8=13 / 8+13=21 / 13+21=34…)

Pero lo realmente interesante y extraordinaria sucede cuando apreciamos su presencia en la naturaleza. La sucesión de Fibonacci está muy ligado a la vida, veamos algunos ejemplos:

Los machos de una colmena de abejas tienen un árbol genealógico que cumple con esta sucesión. El hecho es que los zánganos, el macho de la abeja, no tiene padre (1), pero sí que tiene una madre (1, 1), dos abuelos, que son los padres de la reina (1, 1, 2), tres bisabuelos, ya que el padre de la reina no tiene padre (1, 1, 2, 3), cinco tatarabuelos (1, 1, 2, 3, 5), ocho tataratatarabuelos (1, 1, 2, 3, 5) y así sucesivamente, cumpliendo con la sucesión de Fibonacci.

Otro interesante ejetallos-serie-fibonachimplo está en la gran mayoría de los árboles los cuales crecen siguiendo este orden: El tronco (1) se divide en una rama grande (1), esta rama se divide en dos (2), luego, cada una de ellas se divide en 3 (3) ramas más pequeñas, y así sucesivamente.
Acaso el Sistema Solar pareciera también adoptar este patrón: Mercurio (1), Venus (1), La Tierra (2, incluyendo La Luna), Marte (3, incluyendo Fobos y Deimos).

E incluso en el cuerpo humano podemos decir que la cabeza es 1, el cuello, 1, los brazos (2), brazo, antebrazo y mano (3), luego los cinco dedos (5), es decir, la sucesión de Fibonacci hasta el 5.

Otra particularidad es que a medidas que dividimos los números de la sucesión, nos acercamos al denominado número áureo o de oro (también llamado número dorado, razón áurea, razón dorada, media áurea, proporción áurea y divina proporción) representado por la letra griega φ (fi) (en honor al mismo Leonardo de Pisa Fibonacci), es el número irracional: 1,61.

Esto seria asi….

1/0 no se puede, no sabemos lo que es

1/1 da 1

2/1 da 2numero aureo y proporcion

3/2 da 1,5

5/3 da 1,6666666666…

8/5 da 1,6

13/ 8 da 1,625

21/13 da 1,615384615…

Esta cifra posee muchas propiedades interesantes y fue descubierta en la a

image004ntigüedad, no como “unidad” sino como relación o proporción.

He aquí algunos ejemplos:

Si medimos la altura de cualquiera de nosotros desde nuestro ombligo al piso y la dividíos por nuestra altura, notamos que el cociente es muy aproximado al 1,61.  Lo mismo si tomamos la medida del hombro a nuestros dedos y luego desde el codo al final de la mano, la cifra es 1,61.

Otro modelo lo encontramos en la cruz latina, símbolo del catolicismo, la relación entre el palo vertical y el horizontal es el número áureo. Así mismo, el palo horizontal divide al vertical en secciones áureas.

La relación entre las partes, el techo y las columnas del Partenón, en Atenas (s. V a. C.). Además el número áureo aparece en las relaciones entre altura y ancho de los objetos y personas que aparecen en las obras de Miguel Ángel, Durero y Leonardo Da Vinci, entre otros. E incluso en la medida de las tarjetas de crédito nuestro carné de identidad y en las cajas de cigarros, todos contienen la proporciona áurea.

Un ultimo juego. Imaginemos utilizar esta sucesión para crear un espiral, disponiendo una serie de cuadraditos de lado 1-1-2-3-5-8-13… etc, obtenemos una forma interesante:

elipse_aurea

Para que quede mas claro, lo hicimos en una hoja cuadriculada respetando las escalas:

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Este esquema se puede ver en infinitas formas naturales, obras de artes e incluso en logo de “Apple”:

C6C

ear-spiral

fibonacciEspiral-Aureo

mona-lisa-proporción-aurea

 

 

apple-logo_golden_ratio

 

 

Un interesante detalle matemático que se confunde con el universo, entra en nuestras vidas y convive día a día con nosotros.  Demostrándonos que todos somos parte de un mismo conjunto.