Historias en Sepia

Historias en Color Sepia: El Copiloto del Campeon

by @jotaposta

Corría el año 1913, era Septiembre y los argentinos aun palpitaban la novedad que implicaba la sanción de la ley Roque Sáenz Peña, que establecía el voto secreto y obligatorio.

En Mendoza nacía un muchacho morochón que a poco de crecer demostraría su amor por los autos.  Se llamaba Daniel Urrutia y aunque jamás llegó a ser mecánico tuvo la oportunidad de ocupar un lugar destinado a pocos: ser coplito del multicampeon Juan Manuel Fangio.

La dupla tendría su bautismo de fuego en 1947.  El escenario sería “La Doble Vuelta Sierra de la Ventana” y el resultado final, el que repetirían reiteradas veces: la victoria de la competencia.Urrutia Daniel_image022

El binomio Fangio – Urrutia continuaría por la buena senda, siempre arriba del Chevrolet coupé, lograron la “Vuelta de Entre Ríos” en 1948 y el “Gran Premio Ciudad de Pringles” (también denominado como “Vuelta de Coronel Pringles o Doble Vuelta de Pringles”).

Pero acaso la gran conquista soñada era el “Gran Premio de América del Sud”. Ubicada para Octubre de 1948 en el calendario deportivo.

La competencia abarcaría 9579 kilómetros, entre Buenos Aires y Caracas. La carrera estaba programada en catorce etapas.

El condimento extra era el duelo entre los capitanes del Chevrolet modelo 1939, contra otros dos grandes del automovilismo: Óscar Gálvez y Herrero, a bordo del Ford.

En pleno proceso del cotejo, Fangio y Utirria logran ganar la 5ta Etapa (La Paz/Arequipa), pero la perdida de uno de los neumáticos en la 6ta (Arequipa/Lima) los retrasaría tanto que se clasificarían 13º y, prácticamente, pasan la noche en vela para reparar el auto y tomar la salida para la siguiente etapa: Lima/Tumbes.

El viernes 29 de Octubre de 1948, arrancaría la 7ma etapa. Consecuencia del tumultuoso caos social que vivía Perú por entonces (se temía un inminente levantamiento militar) los organizadores deciden que gran parte de ese tramo se cumpliera de noche. Cansados y  mal dormido, el tándem , parten del puesto 23º, al que han caído en la clasificación general, pero 150 kilómetros después Fangio y Utirria se habían adelantado a todo el mundo; sólo Óscar Gálvez puede seguirle durante un trecho.

Cuentan las crónicas que al cruzar el pueblo de Huanchasco, unos 50 Km después de la ciudad de Trujillo, el multicampeon argentino experimenta un  deslumbramiento por la reflexión de sus propias luces sobre las paredes encaladas de los edificios;  no aprecia bien una curva a izquierdas, se sale de la carretera por la derecha a unos 140 Km/h, pierde el control del Chevrolet y cae en una hondonada, entre los precarios caminos de montaña dando tumbos por el talud. Fangio, herido, queda atrapado dentro de la cabina, provista de una primitiva jaula antivuelco. Su coequiper no corre la misma suerte: sale despido al salirle la puerta  y perdería la vida producto del tremendo impacto.

El propio Fangio lo recordaría siempre “Habíamos pasado Huanchasco  y el reflejo de mis faros sobre blancos paredones me encegueció. Enfrentamos una curva con terraplén, pero no la vi. Y el coche mordió arenitas y entró a dar vueltas. En ese momento tomé noción del desastre”

A los pocos minutos Gálvez alcanza la ubicación del accidente. Ayuda al “Chueco” a salir del destruido vehículo y continúa en la carrera.  Por el lugar pasarían Marimón, Juan Gálvez (el hermano ddirre Oscar) y Bojanich todos prosiguen con la contienda deportiva.

Fue Usebio Marcilla (desde entonces denominado “Caballero del Camino”) el único corredor que se desentiende de la carrera y se ocuparía de trasladar a Fangio y el cuerpo de Urrutia al hospital de Chicama.

Las estadísticas confirmarían a Domingo Marimón como ganador de aquel “Gran Premio de América del Sud” pero acaso poco importa a estas alturas del relato.

La trágica muerte de quien fuera “el copiloto del Campeón” ocupa un lugar en la larga lista de quienes perdieron la vida al ocupar un puesto tan estratégico como peligroso.

Como apostilla vale decir que
Urrutia estaba casado e iba a ser padre de un varón, el cual heredó su vocación.

En homenaje a su fatal destino
la Asociación de Corredores de Turismo Carretera dispuso, en 1995, que el 29 de octubre se celebre el “Día del Acompañante”.

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